lunes, 12 de julio de 2010

LA SELECCIÓN ESPAÑOLA DE FUTBOL, HACE CASO OMISO DEL PERTURBADO FELIPE DE BORBÓN.

   F.Borbón, indicó a la selección española de futbol que participaba en el campeonato mundial de futbol del año 2010, antes del encuentro de la final entre la selección española y la selección holandesa, celebrado en Sudafrica que, tenían que: "ganar como sea", que, como en la entrada anterior decía, significaba que el juego sucio, la antideportividad y la violencia debian practicarla la selección española de futbol para conseguir ser la campeona del mundo. Y, en contra de estas indicaciones, dadas por F. Borbón, la selección española de futbol, en el encuentro final contra la selección holandesa, practicó un juego limpio, deportivo, exento de violencia. Dándo una lección de deportividad que deja de manifiesto que, la selección española de futbol de la actualidad es la mejor del mundo, por su ética deportiva, por su dignidad, por su gran juego limpio y por su gran técnica en la práctica del futbol. Sin embargo, la selección holandesa de futbol, practicó, precisamente, ese juego sucio que, F. Borbón quería que practicara la selección española; un juego sucio, antideportivo, con violencia extrema, pues, incluso en alguna ocasión practicaron técnicas de Karate para desacerse del adversario español. Algo insólito en la practica deportiva, y menos en una final de la copa del mundo, en la que se supone que, llegan a ella los mejores equipos, los mejor dotados, los más éticos y en definitiva los mejores DEPORTISTAS. 
   La selección holandesa de futbol, ha dado un mal ejemplo de la práctica del futbol y, en el supuesto de que hubieran ganado la final, es posible que, fuera una práctica a seguir por los practicantes del futbol, lo que sería malo para el deporte y los deportistas, ya que, la violencia en el deporte del futbol, no es lo más aconsejable a practicar para los jóvenes que practican el futbol, sobre todo el amateur o aficionado, para obtener una formación deportiva en la que prime la ética, la deportividad, el compañerismo, la amistad, el respeto al adversario, que no enemigo, como ha dejado de manifiesto la selección holandesa que ha considerado a la selección española. Pues, de su forma de jugar, se desprende que, no consideraban a la selección española adversarios, sino enemigos, lo que no es ético ni refleja que los jugadores que practican la violencia sean morales. Más bien energumenos que intentan imponerse ejerciendo la violencia para amedrentar al, en este caso, enemigo y no adversario.
   Pueden ser los jugadores de futbol enérgicos en la practica del futbol, pero nunca violentos y, de todos los practicantes y aficionados al futbol es sabido que existe una diferencia entre una entrada enérgica para conseguir el balón y una entrada violenta. Los aficionados a ver futbol  saben deferenciar entre una entrada enérgica para conseguir el balón, y una entrada violenta. En la primera, la acción del jugador está guiada por la intención de no causar daño físico al adversario, y la segunda, se caracteriza porque la intención de conseguir el balón a toda costa, incluida la intención de lesionar al que consideran enemigo  y no adversario.
   Esas diferencias entre considerar al contrario adversario y no enemigo, no las sabe apreciar F. Borbón, porque padece un trastorno, está perturbado, habiéndolo dejado de manifiesto en la instrucción que le dió a la selección española de futbol de que, "tenían que ganar como sea". No es una diferencia de matiz, es una diferencia de bulto que, al no estar capacitado para apreciarla, pone de manifesto, en este caso,  que F. Borbón no sabe distinguir entre adversario deportivo y enemigo, que no es un término deportivo. Por lo tanto, debemos relegarlo los demócratas al OSTRACISMO, POR ANTICEMOCRATA Y POR VIOLENTO.

viernes, 9 de julio de 2010

LA INDIGNANTE OFENSA INFAMANTE DE FELIPE BORBON AL PUEBLO ESPAÑOL AL DECIR, EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN QUE: LA SELECCIÓN ESPAÑOLA DE FUTBOL TIEN QUE GANAR "COMO SEA".

   En un acto castrense, en el que se encontraba F. Borbón, a preguntas de los periodistas, para que dijera si iba a ganar la selección española de futbol la final del campeonato mundial de futbol, contestó: "tiene que ganar como sea".
   Esta respuesta de F. Borbón pone de manifiesto su personalidad trastornada; su deslealtad con los valores éticos del pueblo español, pues, los buenos deportistas, como han demostrado ser los integrantes de la selección española de futbol que está participando en  el campeonato mundial de futbol de este año 2010, no ganan "como sea". Ganan con la deportividad que le es propia, con limpieza de juego, con respeto al contrario, con ética deportiva, con una moral muy digna y muy alta. Como corresponde al equipo de futbol que representa al pueblo español.
   Y, F. Borbón, ha infamado a la selección española, al pedirles que tienen que "ganar como sea". Esta expresión es omnisignificativa, desde ser antideportivos, faltos de ética y moral deportiva, hasta utilizar la violencia para producir lesiones intencionadas al contrario, con el fin de ganar. Que, por ser quien es, y dirigirse a una audiencia universal, está desacreditando a la selección española de futbol y con ella al pueblo español. Pues los receptores de ese mensaje pueden interpretar que los ciudadanos españoles carecemos de valores dignos, éticos y morales, y, nos valemos de cualquier artimaña para ganar, incluida la utilización de malas artes, violencia para lesionar intencionadamente al contrario, luego antideportivamente. Y, desde luego, los ciudadanos demócratas españoles no somos así. Así son los Borbones y los demás monárquicos que, cuando hablan ponen de manifiesto la prepotencia, la ignorancia,  la arrogancia y lo trastornados que están. Son enfermos mentales, pues les viene de familia, amantes de la violencia y despreciadores de la democracia.
    No solo está trastornado, manifestandolo por sus palabras, sino también por sus actos. Pues sus palabras dichas con uniforme militar, está desprestigiando al ejército. Ya que, según sus palabras, el honor del que presumen tanto los militaristas, es una cualidad, un valor que no tiene F. Borbón y, por extensión tampoco lo tiene el ejército monarquico, por tener en sus filas a unos peturbados como son los Borbones que, están ilegitima  y antidemocraticamente en la jefatura del estado. Tienen USURPADO al pueblo el DERECHO democrático de elegir al jefe del estado.
   Los demócratas no queremos que perturbados como los Borbones nos infamen con sus palabras y con sus actos. Por eso y, por respeto al pueblo, no deben dirigirse a través de los medios de comunicación al pueblo con discuros que inducen a la violencia y a la indignidad. El pueblo demócrata está por encima de la monarquía que ofende, insulta y menosprecia al pueblo  al despreciar a seleción de futbol que lo representa.
   Deben ser, los Borbones, silenciados democraticamente, apartados de todo poder de representación o cargo público. Relegarlos al ostracismo. Porque las frases que, en primer lugar, dijo: "a por ellos" dejaba la incognita de la forma. Y, con la frase última "como sea", deja claro F.Borbón, que de cualquier forma: con violencia, con agresividad, antideportivamente, y un largo etc. de calificativos infamantes. Lo que prueba que es un perturbado. Pues al ostracismo.
   Pone de manifiesto, además, con sus frases, que tienen una mentalidad criminal, de perturbado. Porque con tal de conseguir sus deseos, no tiene ningún inconveniente en recurrir a actuaciónes criminales. Por ello, carece de moral humana. Tiene una mentalidad de los señores de la época del feudalismo, en la que todo valía con tal de conseguir sus deseos. Por tanto, al OSTRACISMO.

martes, 29 de junio de 2010

LA ECONOMIA CAPITALISTA GLOBALIZADA, LA INJUSTICIA.

   Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de 400 años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.
José Saramago.
José Saramago.
   Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral.
   Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. "El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana", fue la respuesta del campesino. "Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?", replicaron los vecinos, y el campesino respondió: "Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta".
   ¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia.
   Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días.
Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo.
   Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, más la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando.
   Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo.
   Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano. Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor aún, como simple caso policial.
   Otras y distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace 50 años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace 400 años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces que, si no intervenimos a tiempo —es decir, ya— el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica.
   ¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es.
   Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia.
Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas.
   ¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro.
   Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y todos juntos.
    No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo. No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.
  Traspuesto por: Abogado del pueblo en Almería (Andalucía)

miércoles, 23 de junio de 2010

LOS BORBONES SIGUEN TORTURANDO A LOS DISIDENTES DE LA IDEOLOGÍA MONARQUICA-FRANQUISTA.



  Todavía sacudido por el trauma de que la Ertaintza me muela a palos por gritar Viva la República, y ahora me denuncie por “desórdenes públicos.Trato de comprender lo sucedido y quiero compartir mis reflexiones con los que me habéis arropado desde horizontes muy distintos.
      Tratando de interpretar el nerviosismo represivo de algunas instituciones, me pregunto si no tendrá que ver con la tensión actual en los centros de poder internacionales y en particular europeos. Temen el “polvorín” de la revuelta contra los planes de ajuste. Decía el Economist: “nadie puede estar del todo seguro de qué ocurrirá primero: el crecimiento económico o la rebelión social”.
Enfrente, constato un impulso espontáneo. Los que en la calle secundaron los gritos de protesta e increparon a la policía que me golpeaba. A continuación la solidaridad, ante todo entre mis compañeros de sindicato y de partido. ¿No estamos ante un reflejo de autodefensa de la población trabajadora? También abajo hay tensión, hay una situación de alerta por las terribles amenazas que pesan sobre la mayoría social. Es una predisposición a la movilización que interpela a cuantos la representamos.
     Hay, en efecto, un agudo conflicto social. Los medios de comunicación que me condenaron sin defensa repiten que el ajuste es indispensable y que el gobierno es culpable de no haberlo hecho antes. Pero la mayoría social no acepta la nueva deriva que fuerzas ajenas están imponiendo a nuestros gobiernos.
Porque sabemos lo que el FMI ha hecho en otros continentes. El ajuste sin fin significa hundir las economías, desmantelar las administraciones y servicios públicos, mutilar todo lo que sea democracia. ¿Quién puede aceptar que hundan las viejas naciones europeas, referencia de civilización y progreso para los pueblos del mundo? ¿Qué socialista puede aceptar que entren a saco en el Estado de Bienestar? ¿Qué socialista puede renunciar a todo aquello sobre lo que se fundan, y lo largo de décadas de lucha han representado, las organizaciones sindicales y socialistas.
     Estamos en una encrucijada de la lucha por la democracia. Para desbaratar la resistencia en nuestros pueblos, en nuestro movimiento obrero, en las organizaciones, intentan anular todos los mecanismos democráticos. Sustituir la democracia por el consenso que ata a nuestras organizaciones a los dictados de los poderosos, como si compartiésemos los mismos objetivos. Quieren eliminar la libertad de expresión: hay que gritar Viva el Rey, si gritas Viva la República estás perturbando el orden público. Desórdenes públicos llamaba la dictadura a las manifestaciones populares.
Como sindicalista resiento particularmente la ofensiva contra la libre negociación colectiva. ¿Qué trabajador consciente puede tolerar que el FMI reclame la destrucción de los convenios sectoriales, es decir, convertir los sindicatos en organizaciones marginales o correas de transmisión de los banqueros? En las márgenes del Nervión, como en toda España, nuestra gente luchó durante 40 años por conquistar la libertad sindical.
    La familia Borbón es miembro destacado del club Bilderberg que se reúne estos días en Sitges. Una red de especuladores dirigidos por banqueros norteamericanos, que pretenden imponer su ley a todos los gobiernos.
      Pero sobre todas las cosas buscan que las organizaciones obreras y socialistas se hagan complices de sus planes y abandonen su razón de ser, la transformación progresista de la sociedad, impidiendo así que los trabajadores y la mayoría social de progreso tengan herramientas para defenderse. La primera víctima de esos planes será el Partido Socialista si sigue sometiéndose.
      Por eso muchos socialistas vemos con preocupación como una parte cada vez más importante de nuestra base social se aparta del Gobierno y del partido y como entre la mayoría social se abre camino la exigencia de huelga general ante la negativa de nuestro Gobierno a rechazar los planes que imponen los mismos que han provocado la crisis. No podemos hacerles responsables de que no encuentren otro camino, pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Es nuestro partido lo que está en juego.
Estoy convencido de que hay una alternativa al pensamiento único del FMI, del Vaticano y de Bilderberg : la vuelta a los valores sociales y democráticos del socialismo. Recuperar las tradiciones de libertad y democracia del movimiento obrero. Apoyarse en nuestra base social para hacer frente a los que exigen que nos inmolemos en el altar de la especulación.
Decir NO a su ajuste, a sus mordazas, es el punto de partida para salvar la civilización, los derechos y las organizaciones que generaciones enteras han construido para hacerlos progresar.
     El socialismo nunca fue vasallo. Reivindica la Europa de la Revolución Francesa y del movimiento emancipador de los trabajadores. Es la fraternidad entre los pueblos del Estado español, unidos contra el franquismo y sus herederos, contra las tiranías viejas y nuevas.
Estoy convencido que el socialismo, republicano, puede aglutinar y movilizar inmensas energías de la juventud, de la mayoría social y regenerar nuestro partido poniéndolo al servicio de sus intereses.
Durante varios años hemos escrito cartas a Zapatero, a iniciativa de Tribuna Socialista de la que formo parte. Le invitábamos a apoyarse en la mayoría social para satisfacer sus aspiraciones y enfrentarse a las presiones de los banqueros y de Bruselas. Ahora, en esta encrucijada, hemos de escribir una carta a todos los socialistas, a todos los que comparten nuestros valores de emancipación social y libertad. Hay que decirles: confiemos en las fuerzas de la mayoría social. Los derechos que hemos conquistado en 170 años de lucha de los trabajadores no están condenados. La voluntad de la mayoría no puede ser suplantada por la ley de los especuladores, de las Bolsas.
Para salir de la actual crisis, económica, social, política e institucional, necesitamos más que nunca la democracia: no al gobierno del FMI y de sus adláteres de Bruselas. Liberemos a nuestras organizaciones obreras y socialistas de la dictadura de los especuladores para imponer con ellas la soberanía de los pueblos del Estado español, unidos a los trabajadores y pueblos de Europa .
¿No tenemos razón para gritar “¡Viva la República!”?
Koldo Méndez
Militante socialista vasco

viernes, 28 de mayo de 2010

¿POR QUÉ TAN POCOS CAPITALISTAS SOMETEN A SUFRIMIENTO A TANTOS CIUDADANOS?

   Nunca antes, fuera del lejano 1929, las finanzas habían causado tantos daños en la economía real, en los trabajadores, en las familias y en las sociedades. La crisis del 2008, que costó cinco trillones de dólares zanjar, ha dejado 50 millones de personas sin trabajo y a cien millones de nuevos pobres en el mundo.
   Los resultados de la especulación sobre el Euro están a la vista de todos y los pensionistas del sur de Europa tienen una opinión clara de todo esto. La crisis del Euro del 2010 se salda con un trillón de dólares. Son cantidades sin precedentes en las que los Estados se han endeudado y que les dejan sin capacidad financiera para afrontar próximas crisis.
   Es evidente que, por alguna razón, antes del gobierno de George W. Bush, ideólogo del libre mercado, estas crisis nunca se habían producido en los actuales niveles.
    Varios prestigiosos economistas, como Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos durante los gobiernos de Jimmy Carter y Ronald Reagan, querían que se examinaran esas razones y se volviera al diseño anterior. La gran coral de los sectores financieros y sus grupos de presión, intentaban que las limitaciones fueran mínimas, con el argumento de que todo control limita la innovación y el de-sarrollo.
   Los proyectos en marcha en Europa y en Estados Unidos, han tomado el camino de intentar limitar los excesos, sin enfrentar el sistema. Habrá mejorías indudables, ya que se eliminan varios de los mecanismos especulativos que han llevado a la crisis actual. Hasta 1980, especulación era un término negativo. En la década de los 50, un importante financiero, Lev Baruch, creó un enorme escándalo al teorizar que un empresario debía ganar 20 veces más que sus trabajadores. Era una época en que los que no actuaban de manera clara y transparente estaban señalados. Hubiera sido impensable que un financiero judío como Bernard Madoff, robara dinero a otros judíos, entre ellos al premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel.
   El mundo de las finanzas se basaba en la economía real; la bolsa en el rendimiento de las empresas, y los bancos en los depósitos de sus clientes. La desregulación ha puesto en marcha rápidas generaciones de financieros, que inventaron instrumentos de mayor riesgo y, por lo tanto, de mayor beneficio. Esto ha creado la cultura especulativa actual, que ha legitimado el mundo de la política y de los estados, al aceptar que se eliminen los controles. Ahora toman la opción más fácil: eliminar los excesos. Pero la especulación tiene un espacio legitimado en el mundo actual.
   Es un hecho singular que sean los operadores de bolsa y no los representantes elegidos por los ciudadanos en las urnas los que decidan el destino de millones de personas. Es para defenderse de ellos que los gobiernos y las instituciones europeas, que han sido incapaces de controlar la falsificación de los presupuestos griegos, tengan ahora que emprender una política de ajustes fiscales que va a cambiar profundamente el cuadro social europeo y el destino de sus jóvenes.
    En otras palabras, los gobiernos no ponen sus cuentas en orden para el bien de sus ciudadanos, sino para resistir a los especuladores. De una política de planes de equilibrio y desarrollo se pasa a una de planes de ajuste estructural que van a pagar las clases más pobres y dependientes una vez más.
Mientras tanto, a nadie se le ocurre poner límites a las posibles ganancias, para eliminar la carrera al riesgo más alto y, por ende, más remunerativo. Un ejemplo sería poner límites modestos, nivelados con las ganancias de las empresas de la economía real, de lo que las bolsas puedan ganar o perder en un día de transacciones.
   No hay dudas que esto eliminaría muchas ganancias pero ¿de cuántas personas? Porque los riesgos de estos pocos ciudadanos, hasta ahora, ¿cuántos miles de personas los están pagando? Es fácil decirlo: por cada nuevo millonario que se crea hay, según la OECDE, 500 personas que pasan de clase media a pobres.

   La carrera entre encontrar nuevos campos de especulación y buscar reglamentos específicos sobre ellos, es una lucha que tiene como obvio perdedor al Estado.

   Un Estado que, mientras limita los daños de la droga y del humo, porque afectan a la humanidad, considera legítimo que millones de personas sean objeto de especuladores. Este tipo de Estado es el que ha impuesto la monarquía franquista y capitalista en España.

sábado, 15 de mayo de 2010

LA MONARQUÍA CAERÁ....SOLA, IGUAL QUE EL MURO DE BERLÍN.... Y DARÁ PASO A LA DEMOCRACIA PLENA.

Para poder conseguir que el franquismo desaparezca de nuestras vidas y consigamos la DEMOCRACIA PLENA, es necesario conseguir extirpar la monarquía franquista de la jefatura del Estado, pacificamente. Aúnque, al continuar los Borbones con la "obra" de Franco, los jueces siguen practicando las mismas formas antidemocráticas franquistas opacas y arbitrarias de actuación. Y creo que, la monarquía caerá como el muro de Berlin, por sí sola. Por eso, DEMOCRACIA PLENA ¡YA!. Salud y República.

lunes, 12 de octubre de 2009

LAS DEPURACIONES EN LA GUARDIA CIVIL DE LA MONARQUÍA ACTUAL.

          Mi padre era republicano demócrata y fue obligado por los franquistas monárquicos a luchar contra la II REPUBLICA.
       A mi juicio, existe una Guardia Civil monárquica y una Guardia Civil DEMOCRÁTICA. Ambas son la Guardia Civil de España, pero, todos sabemos que España es un país que bajo la monarquía creo el instituto de la Guardia Civil en el siglo XIX, aquella era una Guardia Civil monárquica en la que primaba la jerarquia y el catolicismo y, fue creada para defender a los ricos. Posteriormente la Guardia Civil, dependiendo de la forma política del Estado, fue Guardia Civil DEMOCRATICA que corresponde con la época en que en España, la forma política del Estado era la REPÚBLICA.
        En la actualidad, la Guardia Civil está sometida a la monarquía por imposición antidemocratica e ilegitima del difunto dictador corrupto Franco, que, como bien sabemos, los Borbones cogobernaron con Franco hasta la muerte de éste; época que yo denomino franquista-monarquica. Ahora, trás la muerte del dictador, la época en la que estamos la denomino monarquico-franquista, porque en la jefatura del Estado tenemos a los  monárquicos Borbones que son franquistas.
          Dicho esto, entiendo que hoy y, por estar en una pseudodemocracia  - pues no olvidemos que los Borbones tienen usurpado al pueblo el derecho DEMOCRATICO de poder elegir al Presidente del país y jefe del Estado -  la Guardia Civil está compuesta por monárquicos y por DEMOCRATAS que, intrinsecamente somos republicanos. Y, los fascistas, corruptos, torturadores y violadores de los derechos humanos, de sus propios compañeros, son los monárquicos de la Guardia Civil actual, y, éstos, persiguen, acosan, torturan y someten a tratos inhumanos y degradantes a los DEMOCRATAS de la Guardia Civil que somos disidentes de la ideología monárquica. Por ello, los derechos humanos, las libertades individuales y colectivas y la democracia del pueblo, solo son defendidos por los REPUBLICANOS, perseguidos, de la actual Guardia Civil, que son los DEMOCRATAS.
         Por desgracia, la Guardia Civil monárquica no está al servicio del pueblo, es un instrumento del poder monárquico, que es utilizado contra el pueblo, y, los/as guardias civiles que somos críticos con la monarquía, somos, previas detenciones ilegales, torturados y depurados.